viernes, 11 de diciembre de 2009

Entronizan a Capetillo y a ganadero Garfias

El matador de toros Manuel Capetillo y el ganadero Javier Garfias, desaparecidos recientemente, fueron elegidos para ingresar este viernes por la mañana al salón de fama durante la celebración del Congreso de la Confederación Deportiva Mexicana (CODEME), en el Distrito Federal.
Además, los espadas Eulalio López “Zotoluco”, Federico Pizarro y el rejoneador Jorge Hernández Garate habrán de recibir la estatuilla del Luchador Olmeca, máxima distinción que otorga el deporte federado, quedando así determinado por el jurado tras analizar la solicitud que hizo la Asociación Mexicana de Tauromaquia.

Manuel Capetillo Villaseñor fue torero y actor. Nació en el municipio de Ixtlahuacán de los Membrillos, Jalisco, el 15 de abril de 1926 y conforme pasaron sus primeros años de vida, incursionó en el medio taurino, presentándose como novillero en la Monumental Plaza México el 8 de agosto de 1948. Fue considerado como “El Mejor Muletero del Mundo”, por la hondura con la que ligaba los muletazos, quedando registrados no sólo en los anales de la historia sino como un vivo recuerdo en la mente de quienes le vieron ejecutarlos. Tenía 84 años hasta su fallecimiento.
El ganadero Javier Garfias de los Santos falleció teniendo 74 años por una afección hepática. En 1948 llevó vacas de Santo Domingo y posteriormente agregó simiente de San Mateo y Torrecilla para proyectar su ganadería como una de las más importantes de los últimos tiempos.
Eulalio López “Zotoluco”, por segunda ocasión, recibe la distinción del Luchador Olmeca y ha sido, como torero, el encargado de sostener el paso de la fiesta brava. Este año inauguró la primera temporada de toros en Las Vegas, Nevada, indultando a “Nos Veremos” de Manuel Costa.
Federico Pizarro ha sido un torero con un desempeño en la fiesta que viene reafirmando en 2009. Nacido en la Ciudad de México, tiene 19 temporadas peleando cada tarde por obtener un lugar importante en la fiesta.
Jorge Hernández Garate retomó lo que su padre Jorge Hernández Andrés le enseñó en el llamado Arte de Marialva para lograr así ser un gran exponente del rejoneo mexicano.

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